Juani Belbis, director del Observatorio de Redes: “El espacio de la discusión digital cada vez ocupa un lugar mayor en la conversación pública”

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Juani Belbis, director del Observatorio de Redes: “El espacio de la discusión digital cada vez ocupa un lugar mayor en la conversación pública”

En el año 2015 el Grupo de Investigación en Ciencia Política “Coaliciones Políticas en América Latina”, de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA lanzaba el Observatorio de Redes, una iniciativa multidisciplinaria de docentes, estudiantes e investigadores de distintas universidades argentinas y extranjeras, que se propuso aplicar el análisis de redes a distintos fenómenos de la actividad política. 

Específicamente, a partir de la observación de las relaciones entre los actores políticos en distintos ambientes de interacción institucional (el congreso, una elección, dentro de una coalición) pero también mediática (Facebook, Twitter, Youtube), el Observatorio de Redes se propuso analizar cómo actúan, qué hacen, qué dicen, con quiénes se vinculan, a quiénes se acercan, con quiénes se enfrentan, cómo votan y cómo reaccionan.

Luego de cuatro años de trabajo y crecimiento, el pasado 30 de julio Juan Ignacio Belbis asumió la dirección del Observatorio “para poder llevarlo a nuevos lugares y realizar más análisis sobre lo que pasa en la política y los asuntos públicos desde el punto de vista de las redes”, explicaron desde la entidad.

Maestrando en Gestión de Contenidos de la Universidad Austral, docente de grado y posgrado, Investigador Asociado de la Iniciativa Latinoamericana de Datos Abiertos, y consultor en innovación cívica, Belbis ha colaborado con diferentes gobiernos y organizaciones de la sociedad civil en el desarrollo de políticas públicas que tienen como eje la apertura gubernamental y la transparencia activa. Para conocer algunos detalles sobre el trabajo que se propone realizar ahora desde el Observatorio, específicamente de cara a las próximas elecciones nacionales, Comunicación Pública dialogó con Juan Belbis.

¿Cómo fue el proceso por el que te designaron director del Observatorio de Redes y cuáles son tus objetivos inmediatos?

Estamos en un momento clave político institucional en Argentina, a partir del que los miembros de la dirección anterior, Facundo Cruz , Paula Clerici y Lara Goyburu, me hicieron la propuesta de tomar la posta del Observatorio y reactivarlo, reforzando todo el trabajo que se realizó desde inicios de este año, en el marco de las distintas elecciones provinciales, ya de cara a la elección nacional.

Como sabemos ese proceso implica como piso dos etapas, las PASO del 11 de agosto, y las generales de octubre, a la que se le sumará una probable segunda vuelta, que vendrán, además, acompañadas por dos debates presidenciales, una instancia que ya tiene un antecedente, pero por primera vez forma parte del marco normativo electoral.

En esa línea, la idea es montar un pequeño observatorio electoral dentro del Observatorio de Redes, y monitorear qué pasa con los candidatos, con la conversación pública, y específicamente con aquella que probablemente se generará alrededor de esos debates, para tratar de entender si tiene algún impacto o correlación directa en los resultados.

¿Un punto sobre el que, en general, parece haber más dudas que certezas?

En general, la evidencia indica que no hay una asociación necesaria, pero nos parece importante empezar a buscar indicios para relacionar estos dos mundos: el de la conversación pública, y el de los resultados electorales.

En lo personal, sobre este punto, entiendo que aún nos faltan herramientas metodológicas para hacer análisis profundos sobre el impacto concreto de esas cuestiones. Es muy difícil hacer una trazabilidad entre la lectura de una noticia, de una fake news, o de un contenido en redes sociales, y su impacto directo en la toma de decisión del votante.

Esa es una de las grandes cajas negras de la ciencia política: ¿Cuáles son los drivers que se activan en cada persona y terminan influyendo en el proceso de toma de decisión del voto?, que probablemente, además, serán distintos en cada caso. Y desde esa pregunta sin respuesta es que todavía como cientistas sociales no podemos ponerle una carga de valor al contenido de una noticia o un contenido digital.

Lo anterior no implica desconocer la gran cantidad de experimentos e investigaciones relacionadas con agenda setting, que nos indican cómo la construcción de las agendas públicas termina influyendo en la percepción de la ciudadanía – de cierto segmento, porque insisto aquí no es válido generalizar sobre algunos fenómenos públicos, o sobre la imagen de algunos candidatos.

¿Pero sin embargo la inversión creciente en redes parece indicar que algún efecto tiene?

A mí me ha tocado estar de los dos lados del mostrador en este tema, como ciudadano, pero también como responsable de campaña, y de áreas estratégicas de comunicación digital en diferentes campañas, y efectivamente es un área en la que se invierte mucho, y cada vez más, porque el espacio de la discusión digital cada vez ocupa un lugar mayor en la conversación publica, y aún más en un contexto electoral.

En esa línea creo que la gran apuesta debe ser cómo mejorar la calidad del debate público, porque más allá del tema del impacto todos sabemos que hay cosas que están bien, otras que no tanto, y que hay prácticas que directamente juegan en unos bordes peligrosos.

¿Justamente en relación al análisis de las prácticas que datos preliminares podés adelantarnos en torno a lo que han venido analizando?

 Todavía estamos en un proceso muy incipiente para brindar datos concretos. Sí puedo decirte que en nuestras observaciones sobre la dinámica de la conversación pública hemos podido constatar que el fenómeno de la grieta, que en Argentina creemos que somos los únicos que lo estamos atravesando, en realidad es un fenómeno generalizado, algo que es evidente analizando las últimas elecciones que se realizaron en América Latina, en Estados Unidos, o el proceso de cambio del Primer Ministro en Inglaterra. En todos esos casos existieron sectores o bandos muy polarizados.

En ese marco, una de las cosas que nos proponemos analizar es cómo reaccionan los usuarios a los contenidos de un lado y el otro. En general, los análisis que van por este lado se focalizan en un fenómeno del que habla mucho Natalia Aruguete, donde mientras unos tiran para un lado, otros lo hacen para el otro, y nos parece interesante empezar a buscar a aquellos que juegan de los dos lados, que reaccionan tanto de un lado como del otro, y ver si eso tiene un patrón, algo que comenzaremos a indagar en Twitter.

También nos proponemos ver cuáles son los contenidos que generan mayor nivel de interacción y por qué, lo que nos podría llevar a detectar algunos temas que terminan por ser centrales, y nuevamente tratar de ver quiénes son los usuarios que los impulsan, porque muchas veces nos quedamos en el volumen de retweets o likes, y es interesante ver si allí hay patrones. 

Sobre ese tema, específicamente, yo he hablado bastante con los candidatos en contextos de campaña, porque si yo tengo 100 retweets por tweet, pero son siempre los mismos 100, la verdad es que no rompo la burbuja, no dejo de pescar en mi laguna.

Por eso nos parece interesante ver si hay tweets o piezas de contenido que rompen esa lógica, y sirven para instalar temas. Nuestro objetivo es ver cuándo un tweet pasa a ser contenido en un diario, o parte de la conversación en la radio, o en las casas, aun sabiendo que esto último es mucho más difícil de medir.

¿Cuáles son los vectores que hacen que esa conversación trascienda del microclima de la militancia y el voluntariado para lograr llegar a la conversación pública? Esas son algunas de las cosas que vamos a estar mirando en estas elecciones.

Antes hablabas de que la apuesta central en el tema de las redes es entender su posible rol en el enriquecimiento de la conversación democrática, sin embargo, temas como las fake news, o los debates en torno a la necesidad de un marco normativo específico, parecen indicar que hoy las preocupaciones centrales son otras     

Me parece que allí se dan varios fenómenos, a mí me tocó en algún momento ser asesor legislativo y observar cómo se generaban una y otra vez decenas de proyectos de ley inscriptos dentro de un fenómeno que denominamos sobreregulación digital, porque si bien hay fenómenos que tiene un aspecto digital y merecen ser tratados como tales, también hay otros, que aun comportando una capa digital, no requieren una regulación particular.

Igualmente, entiendo y considero valiosas iniciativas como la Acordada Extraordinaria Nro. 66 de la Cámara Nacional Electoral, de 2018, sobre plataformas y entornos digitales, pero también creo todavía faltan herramientas para dar cuenta de los problemas de desinformación, o de falta de transparencia en el financiamiento de las campañas electorales, que ni un registro, ni un listado de cuentas oficiales resuelve.

Realmente falta todo un trabajo de concientización democrática desde el lugar de los que hacemos las campañas, o nos ha tocado hacerlas en algún momento, y una visión un poco más concreta sobre cuáles son las capacidades efectivas de regulación, cuando estamos hablando de plataformas que tienen sede en otros países, y de fenómenos donde el efecto de control o punitivo llega mucho más tarde que su impacto en la opinión pública.   

Tenemos un código que dice muchas cosas sobre lo que se puede hacer y lo que no, cosas muy claras, y si bien hay algunas zonas grises, no es tan difícil interpretar que twittear en un contexto de veda es, por lo menos, una picardía, que se ampara en ese gris.

Frente a eso, generar una ley que diga “No se puede twittear…” no sé qué resuelve. Hoy hablamos de Twitter, pero en 10 años será otra red, otra plataforma, y no se pueden dictar normas pensando en los problemas coyunturales.

Finalmente, estamos discutiendo sobre la democracia y sus reglas, algo que trasciende el medio puntual por el que la gente se informa o interactúa hoy, y es una discusión mucho más compleja e importante para la salud de los países, que no se resuelve con la elaboración de marcos punitivos.

Además de este trabajo con el Observatorio, pero directamente relacionado con muchos de los desafíos metodológicos y analíticos que inicialmente marcabasd, ¿qué nos podés contar del taller que vas a dictar con Natalia Aruguete sobre investigación en las campañas electorales?

Vengo de una escuela que tiene mucho que ver con el planteo de Alice, y más ahora bajo la presidencia de Mario Riorda, en esta nueva etapa focalizada en ir hacia una combinación lo más balanceada posible entre el profesionalismo en la gestión de las campañas electorales y la visión académica con sustento empírico.

Justamente en función de ese balance pensamos este taller con Natalia, un módulo específico sobre análisis de redes, que es un área donde muchas veces nos quedamos con el olfato, con el “me parece que esto va por acá”; donde los jefes de campaña y los propios candidatos toman decisiones “sintiendo cosas”, antes que pudiéndolas argumentar y sostener con datos y construcciones más sólidas.

Entonces la idea del módulo, es brindar herramientas analíticas para que la nueva camada de investigadores, que tienen inquietudes similares a las que estuvimos conversando antes, tengan la capacidad de volcarlas en herramientas que les permitan encontrar respuestas lo menos subjetivas posibles.

Darles herramientas para analizar grandes volúmenes de contenidos, que puedan aplicarle a todo esto cierto marco de profundidad, y no solo quedarse en contar retweets o likes.

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